Lomit's
Lomit's es un restaurante en una esquina cerca de mi hotel, y que siempre que paso está lleno de gente. Hoy, tras levantarme para ver perder a la Real en ESPN, ir a misa (no tan larga como esperaba, unos tres cuartos de hora), vagabundear por el mercado Persa Bio Bio, descansar en el hotel, salir a correr y a hacer ejercicio, y darme un bañito en la piscina, he salido para cenar algo «sano». La verdad es que estaba la zona algo más apagada que de costumbre (el jueves era increíble el ambiente que había), tenía varias opciones, pero en un momento dado he sentido pereza de ir a uno de los locales modernos que había por ahí, y he vuelto a la esquina del Lomit's. Tras reunir valor me he sentado en la barra, como los locales, aunque eso sí, en el extremo. He tenido suerte porque son sitios muy solicitados. Desde el principio estaba disfrutando, el camarero me dice que claro que hay cena, que hay de todo, y me enseña la carta. Claramente soy el pardillo del lugar, el resto llega y piden sus sánguches y bebidas sin dilación. Otros llegan y piden en barra para llevar. La preparación para llevar es asombrosa, ponen el sánguche en una bandejita de metal y lo cierran con una máquina en la que cabe perfecto (le deben poner como una tapa o así). Luego lo meten en una bolsa alargada.
Hay parroquianos que no parecen tener prisa, un grupo de tres más jóvenes que rodean a una chilena, y que parecen llevar ya bastante tiempo de juerga, y muchos gritan de vez en cuando «¡José!», que es el nombre de mi camarero. A veces le gritan y parece que ni siquiera quieren nada. Al principio pienso que José trabaja muy bien, pero luego le veo desbordado. Hay muchísimos camareros, pero el local es bastante grande, terraza grande, barra, muchas mesas en el interior... Tienen un tipo en una mesa que cobra y vende tabaco (creo), de estos que puedes levantarte y pagar en efectivo ahí. También hay otro sentado dentro de la barra en otra mesa al que llaman jefe. Me pido un pescado, reineta, a la plancha, y una ensalada chilena (tomate, cebolla y algo de lo que no me avisan, CILANTRO). Durante la espera me distraigo con el ajetreo, y mirando la comida que sale. Definitivamente, otro día vengo a comerme uno de esos sánguches (siento ser pesado con la palabra, ¡pero es el nombre!). Aspecto espectacular, con queso fundido. Varios camareros prueban su habilidad cogiendo cuatro botellines de agua con una sola mano a mi lado. Al otro lado un local se toma su comida y un «jugo» de chirimoya. Cáspita, otro día le copio. Llega un hombre sin oreja que busca sitio en la barra y José le sienta donde los jóvenes fiesteros que han salido a fumar. Me traen limón, un platito con una especie de guindilla, mayonesa y unas bolas de mantequilla. ¿Será para el pescado? ¿Será aperitivo? Sigo siendo el pardillo, pero me lo estoy pasando como un enano.
Mi pescado tarda más de lo normal, y el jefe se levanta a poner orden y me lo trae él mismo.
No sé ni qué hacer, ¿le pongo limón? Voy haciendo un poco de todo, y devoro la cena tras mi ejercicio. Lo único que me falta es un poquito de pan.
José me pregunta si estaba bueno, pero como sin sentimiento. Trato de llevarle a mi terreno y le digo que sí, y que he disfrutado mucho de la experiencia. No reacciona. Cuando llega con el datáfono (por cierto, tengo que decir crédito aunque mi tarjeta sea débito, si no no funciona), insisto y le digo que otro día volveré y me pediré un sánguche que tenían muy buena pinta. Me dice que «aquí todo está bueno», le digo que me añada la propina a la cuenta, y no sé si eso, o el apretón de manos final, creo que le ablanda un poco y quizá hasta sonríe. ¡Acabaremos siendo amigos José!
Las dos únicas fotos que he hecho, una robada y la comida.
Hay parroquianos que no parecen tener prisa, un grupo de tres más jóvenes que rodean a una chilena, y que parecen llevar ya bastante tiempo de juerga, y muchos gritan de vez en cuando «¡José!», que es el nombre de mi camarero. A veces le gritan y parece que ni siquiera quieren nada. Al principio pienso que José trabaja muy bien, pero luego le veo desbordado. Hay muchísimos camareros, pero el local es bastante grande, terraza grande, barra, muchas mesas en el interior... Tienen un tipo en una mesa que cobra y vende tabaco (creo), de estos que puedes levantarte y pagar en efectivo ahí. También hay otro sentado dentro de la barra en otra mesa al que llaman jefe. Me pido un pescado, reineta, a la plancha, y una ensalada chilena (tomate, cebolla y algo de lo que no me avisan, CILANTRO). Durante la espera me distraigo con el ajetreo, y mirando la comida que sale. Definitivamente, otro día vengo a comerme uno de esos sánguches (siento ser pesado con la palabra, ¡pero es el nombre!). Aspecto espectacular, con queso fundido. Varios camareros prueban su habilidad cogiendo cuatro botellines de agua con una sola mano a mi lado. Al otro lado un local se toma su comida y un «jugo» de chirimoya. Cáspita, otro día le copio. Llega un hombre sin oreja que busca sitio en la barra y José le sienta donde los jóvenes fiesteros que han salido a fumar. Me traen limón, un platito con una especie de guindilla, mayonesa y unas bolas de mantequilla. ¿Será para el pescado? ¿Será aperitivo? Sigo siendo el pardillo, pero me lo estoy pasando como un enano.
Mi pescado tarda más de lo normal, y el jefe se levanta a poner orden y me lo trae él mismo.
No sé ni qué hacer, ¿le pongo limón? Voy haciendo un poco de todo, y devoro la cena tras mi ejercicio. Lo único que me falta es un poquito de pan.
José me pregunta si estaba bueno, pero como sin sentimiento. Trato de llevarle a mi terreno y le digo que sí, y que he disfrutado mucho de la experiencia. No reacciona. Cuando llega con el datáfono (por cierto, tengo que decir crédito aunque mi tarjeta sea débito, si no no funciona), insisto y le digo que otro día volveré y me pediré un sánguche que tenían muy buena pinta. Me dice que «aquí todo está bueno», le digo que me añada la propina a la cuenta, y no sé si eso, o el apretón de manos final, creo que le ablanda un poco y quizá hasta sonríe. ¡Acabaremos siendo amigos José!
Las dos únicas fotos que he hecho, una robada y la comida.



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