Primera semana en Chile
Llevo ya una semana laboral en Chile, en una nueva experiencia para mí, trabajando en el extranjero, viviendo solo en un hotel.
Vistas desde mi habitación al Cerro de San Cristóbal.

Mi típico desayuno del día a día (a veces no me resisto y tomo revuelto y beicon).

Piscina de la azotea del hotel al atardecer.

Y gimnasio con vistas.
El parque que atravieso todos los días para ir a trabajar, con la fuente del bicentenario al fondo y un árbol grande que me gusta a la derecha.

La fuente de la que siempre hablo.
Vistas desde la azotea del hotel.
Otra perspectiva del río, hacia el cerro.
Perro callejero que me seguía. Se ponen a andar a tu lado, no siempre detrás, y siguen hasta que se distraen con otra cosa.
Segunda parte del parque que recorro todos los días al volver del trabajo. Cuando vuelvo voy a la vera del río, es un poco más largo pero más agradable.

Cena de un día, vacío con patatas al pil pil. Me convenció el camarero porque me dijo que saldría deprisa, y como tampoco tengo mucha idea de los cortes... Luego hablando con él me dijo que se había equivocado y había marcado dos veces la orden. Estaba bastante bueno así que los dos salimos ganando. Le dije que otro día iría a tomar la mejor carne que tuviese.
Vistas desde el principio del cerro, había algunas zonas bastante agradables.

Piscina en el parque del cerro.
Virgen de la Inmaculada Concepción en el Cerro de San Cristóbal. Subí andando hasta allí y le pedí protección para mis aventuras chilenas.
Me ha encantado esta foto por el genial invento de la bici, la bicicleta clásica, y los niños con el padre.
Mote con huesillo, una bebida típica de aquí, que es zumo de durazno (con durazno incluído) y mote, que es trigo cocido. Aquí son muy de frutas yo creo y a mí no me va mucho el rollo. Estuvo bien probarlo, pero no creo que repita.

Vistas de la ciudad de Santiago desde el Cerro de San Cristóbal con el característico perro callejero echando una siesta.
Santiago es una ciudad avanzada, todos dicen que europea, pero en muchos casos me parece más bien «americana». ¿Tiene Madrid este conjunto de edificios? Casas con jardín bajitas, calles anchas con arbolado, y luego edificios grandes, gigantes, desafiando a los terremotos. Las carreteras suelen ser anchas, las avenidas quizá de seis, siete, más carriles. El tráfico es denso, hay mucha gente por la calle, y vendedores ambulantes ofrecen cualquier cosa, yogur con frutas o cereales, galletas, cables y cosas tecnológicas, bocadillitos, zumo que exprimen al instante, jengibre con un mini-rallador, y los que más me sorprenden, los vendedores de carpetillas de colores «para documentos».
De camino al trabajo voy por una calle grande, Providencia, hasta llegar al parque. Me gusta pasar por la fuente del bicentenario. Siempre hay muchos ciclistas. Por un lado del río, por el otro, por el carril bici que va por el propio curso del río. Algunos van realmente deprisa y cuando están en una fila, como en formación, siguiendo las normas de tráfico, como si fuesen coches, me recuerdan a Melbourne.
Los chilenos son gente agradable, parecen sencillos. En un momento del día me ha venido una idea a la cabeza que no he podido desarrollar. Competitividad. Creo que aquí compiten mucho menos. No tienen ese afán de superar al otro, eso les hace ser más tranquilos, más apacibles. Y también les hace trabajar de otra manera. Es difícil de explicar, pero cuando he pensado en la competitividad, me aclaraba muchas cosas de su forma de ser. Por otro lado, seguramente eso en muchas circunstancias les hace ser más felices.
Además de manteros y vendedores, hay muchos cantantes que van tocando de bar en bar a las terrazas pidiendo dinero. Alguno hasta se enfada si no le das. Las iglesias no parecen ser muy respetadas, por lo menos en el centro. La ciudad en sí es bastante plana, lo que es irónico pudiendo ver los Andes desde muchas partes de la ciudad. Quizá por eso hay tantas bicicletas. Me sigue asombrando la cantidad de bicicletas que hay. Hoy, sábado, he subido al Cerro de San Cristóbal. Hay una especie de carretera donde peatones y ciclistas conviven. Había corredores y muchos ciclistas. Arriba puedes dejar tu bici, te la guardan como si fuera un guardarropa, dejas tu bici y te dan una tarjeta con la que luego la recuperas. Las tienen como en una especie de parking de bicis donde las cuelgan del sillín en una barra. Allí arriba está la Virgen, con una música religiosa constante, que, para mí, da una sensación como de cutre y artificial y sobra. La capillita de la Virgen es minúscula y hay un vigilante dentro. Bajando hacia el otro lado, hacia Pío Nono, el camino es más «ruta», Otro día volveré a subir pero en bici.
Después, he dado una vuelta por el centro histórico. La catedral estaba cerrada y he preguntado a un par de carabineros, uno era joven y el otro mayor. Cuando he preguntado, la reacción del joven ha sido de delegar en el mayor, y el mayor se ha tomado un minuto o dos para responderme que preguntase en la entrada a una capilla o así que hay al lado de la catedral. Me pasa a menudo que se te quedan mientras hablas como bloqueados, como si les hubieses hecho una pregunta complicadísima de la teoría de cuerdas. Total, que allá que voy yo a preguntar, y me pasa lo contrario, dos mujeres, una joven y otra más mayor, en este caso se queda bloqueada la mayor y delega en la joven. Me cuenta que está cerrada porque mañana cambian de presidente, pero que también están cambiando el mandato de la Iglesia de aquí, y que ya si eso abren el martes. Pero todo como poco claro y misterioso. Otro día tendré que ir.
He tomado una empanada con queso y champiñones. Al cabo de un rato paseando por ahí, con el único atractivo de manteros a los que, siendo sincero, creo que nunca compraré nada solamente por la vergüenza casi, me he dado cuenta de que ya estaba cansado y me aburría aquello, y he girado a la derecha para ir hasta casa. Después he pensado que era más razonable parar un rato a tomar algo, y eso he hecho. Lo que estoy empezando a notar es que, si no me equivoco, el alcohol y casi incluso la comida, ¡es más caro que en Madrid! De vuelta al hotel, decido subir un rato a la piscina de la azotea, el lugar que lo hace cinco estrellas en mi opinión. La misma gente que había ayer a las siete y media u ocho está aquí hoy a las cinco (ellos pensarán lo mismo). El sol pega fuerte, tendré que bañarme y cobijarme en una sombra. Después bajaré a investigar misa para mañana, ¿quizá haya un mercadillo el domingo?
Nótese el cambio de tiempos verbales, gran parte la he transcrito de mi libreta y voy escribiendo a ratos con lo que voy viendo.
Una señora por la calle iba mirando su móvil con una lupa. Un señor, en el parque que atravieso todos los días, se lleva una tele, la enchufa al alumbrado público, y la pone en un sitio estratégico mientras espera que llegue gente a aparcar y les pide algo. Un chileno estuvo bailando un minuto en unas escaleras de un bar tras ver a una camarera que le gustaba. Dicen «buen día» en lugar de buenos días (lo cual en realidad tiene más lógica), y «que estés bien» cuando se despiden. La propina se añade a la tarjeta, te lo preguntan directamente cuando te están cobrando, y es un 10%. En el supermercado, te «ayudan» con las bolsas y también esperan una propina. Esto puede provocar situaciones incómodas para alguien acostumbrado a llevarse su propia bolsa como yo. Hay perros callejeros, sorprendentemente mansos excepto en determinadas circunstancias con los coches que todavía no he logrado dilucidar. Hace bastante calor y el sol pica. Hay muchos empleados aparentemente públicos, especialmente en temas de jardinería y riego, y que no parecen contar con excesivos medios. Tienen muchos tatuajes, muchos, normalmente en los brazos y piernas, yo diría que incluso el brazo izquierdo. Ponen unos octágonos negros en la comida de «alto en azúcares», «alto en grasas saturadas» y «algo en calorías».
Vistas desde mi habitación al Cerro de San Cristóbal.

Mi típico desayuno del día a día (a veces no me resisto y tomo revuelto y beicon).

Piscina de la azotea del hotel al atardecer.

Y gimnasio con vistas.
El parque que atravieso todos los días para ir a trabajar, con la fuente del bicentenario al fondo y un árbol grande que me gusta a la derecha.

La fuente de la que siempre hablo.
Otra perspectiva del río, hacia el cerro.
Perro callejero que me seguía. Se ponen a andar a tu lado, no siempre detrás, y siguen hasta que se distraen con otra cosa.
Segunda parte del parque que recorro todos los días al volver del trabajo. Cuando vuelvo voy a la vera del río, es un poco más largo pero más agradable.

Cena de un día, vacío con patatas al pil pil. Me convenció el camarero porque me dijo que saldría deprisa, y como tampoco tengo mucha idea de los cortes... Luego hablando con él me dijo que se había equivocado y había marcado dos veces la orden. Estaba bastante bueno así que los dos salimos ganando. Le dije que otro día iría a tomar la mejor carne que tuviese.
Vistas desde el principio del cerro, había algunas zonas bastante agradables.

Piscina en el parque del cerro.
Me ha encantado esta foto por el genial invento de la bici, la bicicleta clásica, y los niños con el padre.
Mote con huesillo, una bebida típica de aquí, que es zumo de durazno (con durazno incluído) y mote, que es trigo cocido. Aquí son muy de frutas yo creo y a mí no me va mucho el rollo. Estuvo bien probarlo, pero no creo que repita.

Vistas de la ciudad de Santiago desde el Cerro de San Cristóbal con el característico perro callejero echando una siesta.
El río Mapocho, no me impresionó. Al fondo el edificio más alto de Santiago y otros rascacielos más.
Plaza de Armas, al fondo la catedral.
Edificio gigante con forma como de aspa. El padre de uno Telefónica Chile vive aquí. Me impresionó cuando lo vi antes de saberlo por la cantidad de gente que debe vivir ahí.
Perro callejero en las calles cercanas a mi hotel.
Esto es todo amigos.
















Fantástico!
ResponderEliminarExplóralo todo para cuando vaya a visitarte...
😉
Estupendo, muy entretenido, descriptivo junto con las fotos.
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