Viento y pájaros
Ayer estaba en Santiago, recorriendo Providencia, esquivando gente por la avenida, apresurado para llegar a la lavandería, con mi credencial llegando a la orgullosa torre de Telefónica, viendo y escuchando coches pasar mientras cenábamos en Dominó.
Hoy, tras un vuelo a Punta Arenas, un autobús a Puerto Natales, y una pequeña caminata hasta el hotel, el ruido de la orilla del lago, la brisa acariciando mi bigote, cisnes con el cuello negro y ¿cormoranes? en los palos del muelle, las imponentes montañas nevadas al otro lado del lago, casas de chapa a mi espalda y el sol guerreando contra las nubes que amenazan desde las montañas, sin atreverse a llegar hasta la pequeña ciudad.
Hoy, tras un vuelo a Punta Arenas, un autobús a Puerto Natales, y una pequeña caminata hasta el hotel, el ruido de la orilla del lago, la brisa acariciando mi bigote, cisnes con el cuello negro y ¿cormoranes? en los palos del muelle, las imponentes montañas nevadas al otro lado del lago, casas de chapa a mi espalda y el sol guerreando contra las nubes que amenazan desde las montañas, sin atreverse a llegar hasta la pequeña ciudad.





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