Contraste

Por tercera vez los perros callejeros.
Los Super 8 de toda la vida.
Los chistes sobre el Colo Colo
y los autobuses humeantes sin freno.
La bruma de contaminación que asusta
y que sólo desaparece tras la lluvia.
El café soluble y los hervidores.
La palta, la mayo y el churrasco.
La soledad y la posibilidad infinita.
Los cerros y la imponente cordillera.
El derroche de trabajo, el ocio sin descanso.
Las mañanas de déjame que insista.
Sigo sin entender la educación en el metro,
sigo buscando la sección de galletas en el supermercado.
Austral Patagonia en la nevera
y todavía ninguna visita al centro.


Al llegar las calles de Santiago estaban húmedas y frías. Hoy, en cambio, salíamos a comer sin abrigo bajo un sol más bien primaveral. Paso ahora mis días en el edificio donde se instalan las máquinas, y aunque la lógica me ampara creo que por otro lado en la torre no sienta bien mi ausencia. Cada día un nuevo lío aunque de momento bien manejado. Me gusta de ese otro edificio el entorno tranquilo que le rodea, las vistas de las montañas que parecen mucho más cerca y mi contacto chileno de allí que es todo amabilidad. Pero extraño el paseo matutino al trabajo por el parque y me siento como en Madrid yendo en metro a las afueras, no hay ni siquiera una máquina de café en ese edificio y para comer van al «mall» (así lo llaman ellos) donde hay infinitas opciones donde elegir qué comer, pero todo comida rápida. Esto ha provocado un plan B de ensaladas que tendré que llevar y que espero complementar con Lomit's por la noche.

Hablando de Lomit's, hoy ha sido mi regreso y allí estaba José esperándome a mí y a su encargo que de momento no le he conseguido. Ha vuelto también el jugo de chirimoya y a mi lado estaba un chileno bebiendo un pisco con coca cola que me sumía en la tristeza, puesto que no era la típica imagen casi evocadora de borracho solitario tipo Hems, sino que daba la sensación de derrotado por la vida. En cierta manera tenía ganas de hablarle y darle ánimos, pero quizá todo estaba en mi mente, o quizá hubiese sido peor.

Compré una libreta de batalla tras olvidar la mía en mi querida España, aunque no estoy muy en el modo escritor últimamente, ni siquiera lector.

Este fin de semana cambian la hora aquí, lo cual para mí es un alivio y me da una hora más de trabajo compartida con España. Aunque parezca una tontería, ahora mismo cuando aquí son las nueve en España son las tres, y a las tres acaba la jornada de verano... Así que hay gente con la que ni coincido.

Y en fin, de momento esto es todo. Un saludo a todos, espero cuidar un poco más el blog, aunque, el principal problema que suelo tener, es que me da la sensación de que ya lo he contado todo por otros medios. Nos vemos.

Comentarios

  1. Me encanta leer estas lineas con esa magnifica redacción. Nos gusta conocer tu dia a dia y compartir tus sensaciones.
    Besos y abrazos fuertes.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares