El moreno de Charlton Heston
Jack entró por la puerta del Lomit's y se sentó en la primera butaca desde la derecha. José le esperaba con la mano tendida y una no tan usual sonrisa. También se encontraban por allí Julio y Arturo, el primero, con visita de su hermana desde los Estados Unidos de América. Tras pedir reineta a la plancha, ensalada, y jugo de papaya, comió sin hablar demasiado, hasta que José se acercó.
- ¿Qué tal la pega?
- Bien, pero hay bastante.
- ¿Difícil?
- Más que difícil es el tiempo que ocupa.
- ¿Sabe la película de Ben-Hur? Cuando están todos remando, y hay un capitán, unos cuantos comandantes, el que da al tambor para el ritmo y todos los remeros. Usted tiene que pensar en cuál se ve representado.
- Esa es buena - rió Jack.
- Yo soy Charlton Heston, que además si se fija en la película es el número cuarenta y uno.
- ¿Y qué tiene de especial el cuarenta y uno?
- Nada, con el número no me identifico, pero con el remero sí, porque yo estoy aquí todo el día... - comentó José mientras hacía el gesto del remo.
- Pero sólo te identificas por el remo, no por la apariencia física - bromeó Jack.
- Bueno, el tono de piel.
- Dice que se parece a George Clooney - interviene un tercero.
- Pues ahora que lo dices... - comentó Jack pensativo.
- Hace tiempo trabajaba en el aeropuerto, y me encontré un alemán como un cangrejo tomando el sol y yo pensaba, ¿por qué? Y parece que en Europa, en Alemania, el que está moreno da sensación de clase alta porque ha podido estar de vacaciones en la playa o esquiando.
José se aleja para atender a clientes de la barra que le solicitan y después recoge su cena que sitúa, como siempre, en la estantería del fondo al lado de la ventanilla por donde sale la comida. Abre su refresco, néctar, también como siempre.
- José, hoy pareces muy contento.
- Sí, sí. Es que he tenido dos días libres.
- ¡Pues qué fácil!
- Además me he librado de ver a Don Ricardo - mientras mira de reojo al cliente que antes había intervenido - y sólo con eso ya soy más feliz.
- ¿Ah sí? - Jack se reía.
- Pero no por usted, usted siempre es un placer.
Los tres reían ante el atrevimiento de José.
- Además - añade José - luego piden el libro de reclamaciones y dicen que uno les ha atendido mal.
Poco después, tras pagar la cuenta, Jack se acerca a despedirse de Arturo, el caudillo de la barra.
- ¿Qué tal todo don Arturo?
- Todo muy bien, gracias.
- ¿Las fiestas?
- Bieeen, tranquiiilo - responde Arturo, alargando las vocales con su característico acento.
- ¿No se tomó usted ningún terremoto?
Arturo se ríe ante tal ocurrencia.
- ¡No! ¡Eso es para jóvenes!
- Bueno, igual le había dado a usted por ahí...
Jack se despide del resto de la cuadrilla y se aleja, por las calles de Providencia, tras haber pasado un rato más en la ya conocida barra del Lomit's...
- ¿Qué tal la pega?
- Bien, pero hay bastante.
- ¿Difícil?
- Más que difícil es el tiempo que ocupa.
- ¿Sabe la película de Ben-Hur? Cuando están todos remando, y hay un capitán, unos cuantos comandantes, el que da al tambor para el ritmo y todos los remeros. Usted tiene que pensar en cuál se ve representado.
- Esa es buena - rió Jack.
- Yo soy Charlton Heston, que además si se fija en la película es el número cuarenta y uno.
- ¿Y qué tiene de especial el cuarenta y uno?
- Nada, con el número no me identifico, pero con el remero sí, porque yo estoy aquí todo el día... - comentó José mientras hacía el gesto del remo.
- Pero sólo te identificas por el remo, no por la apariencia física - bromeó Jack.
- Bueno, el tono de piel.
- Dice que se parece a George Clooney - interviene un tercero.
- Pues ahora que lo dices... - comentó Jack pensativo.
- Hace tiempo trabajaba en el aeropuerto, y me encontré un alemán como un cangrejo tomando el sol y yo pensaba, ¿por qué? Y parece que en Europa, en Alemania, el que está moreno da sensación de clase alta porque ha podido estar de vacaciones en la playa o esquiando.
José se aleja para atender a clientes de la barra que le solicitan y después recoge su cena que sitúa, como siempre, en la estantería del fondo al lado de la ventanilla por donde sale la comida. Abre su refresco, néctar, también como siempre.
- José, hoy pareces muy contento.
- Sí, sí. Es que he tenido dos días libres.
- ¡Pues qué fácil!
- Además me he librado de ver a Don Ricardo - mientras mira de reojo al cliente que antes había intervenido - y sólo con eso ya soy más feliz.
- ¿Ah sí? - Jack se reía.
- Pero no por usted, usted siempre es un placer.
Los tres reían ante el atrevimiento de José.
- Además - añade José - luego piden el libro de reclamaciones y dicen que uno les ha atendido mal.
Poco después, tras pagar la cuenta, Jack se acerca a despedirse de Arturo, el caudillo de la barra.
- ¿Qué tal todo don Arturo?
- Todo muy bien, gracias.
- ¿Las fiestas?
- Bieeen, tranquiiilo - responde Arturo, alargando las vocales con su característico acento.
- ¿No se tomó usted ningún terremoto?
Arturo se ríe ante tal ocurrencia.
- ¡No! ¡Eso es para jóvenes!
- Bueno, igual le había dado a usted por ahí...
Jack se despide del resto de la cuadrilla y se aleja, por las calles de Providencia, tras haber pasado un rato más en la ya conocida barra del Lomit's...
(Para Alexander).

¡Joder, es maravilloso! Me encanta.
ResponderEliminarMe has despertado con una sonrisa...
ResponderEliminarPues yo me voy a dormir con una sonrisa... y esperando más capítulos.
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