Ingeniero o escritor
Lo peor son las horas en las que España ya duerme y en cambio Chile se libera del trabajo, sale de la oficina, pero ya no se reciben mensajes. El valle de incomunicación con la familia y los amigos hasta el día siguiente, donde de golpe lees una mañana entera en un minuto.
Muchos días han pasado desde que escribí ese pequeño párrafo y quedó solamente en borrador, peligrosamente cerca de ser borrado cuando volviese a ser escritor y no ingeniero, puesto que como escritor suelo leer con vergüenza o quizá realismo la poca producción que tengo. Por suerte o por desgracia se ha librado, pero obliga a una posterior explicación (ésta), que es por lo que precisamente lo hubiese eliminado.
Avanza el año y sigo en Santiago, cada vez más absorbido por el proyecto, que avanza sin piedad sumido en la locura y el descontrol. Seguramente aquello sea por déficit de los encargados de controlarlo, aunque creo que entra dentro de lo normal en algo de esta envergadura.
Muchas cosas pasan cada día, y a la vez son pocas, o puede que sean pocas las que merecen la pena ser contadas, o puede que simplemente sea que no son las que quisiera contar. Pese a todo, y a la terrible semana (sobre todo el inicio), el fin de semana he desconectado bastante, aunque he vuelto a quedarme en la ciudad postponiendo mis viajes e ilusiones, siempre para el próximo fin de semana.
En todo este tiempo he cenado varias veces con el gran J.L. en el Lomit's, hombre inteligente y entretenido, que siempre parece estar agradecido de escuchar mi acento madrileño mientras degusta su pisco sour. Siempre aprendo algo de historia y siempre consigo sorprenderle con alguna noticia que llega de España, y siempre para mal.
También he encontrado un lugar donde ir el fin de semana a relajarme, un oasis en mitad de la ciudad, en el cerro de San Cristóbal, con vistas exquisitas, hierba donde sentarse, pájaros cantando, y hoy incluso un perro callejero que vino a dormir la siesta cerca de mí.
He tomado buenos cafés, y cafés lamentables. He tomado brunch al más puro estilo melburniano. He encontrado un sitio donde tomar una cerveza artesana y rica. Y he sido invitado a un gran y rico asado en una casa, donde dicen que son mejores.
He terminado The Leftovers, la serie que me acompañaba después de Perdidos, y ahora tendré que vivir sin Kevin Garvey.
En breve vuelvo a mi hotel, donde sí que me saludan en la entrada sin parecer que cuesta trabajo, y donde me siento más cuidado y más acompañado.
Nos volvemos a ver cuando el escritor venza al ingeniero.
Muchos días han pasado desde que escribí ese pequeño párrafo y quedó solamente en borrador, peligrosamente cerca de ser borrado cuando volviese a ser escritor y no ingeniero, puesto que como escritor suelo leer con vergüenza o quizá realismo la poca producción que tengo. Por suerte o por desgracia se ha librado, pero obliga a una posterior explicación (ésta), que es por lo que precisamente lo hubiese eliminado.
Avanza el año y sigo en Santiago, cada vez más absorbido por el proyecto, que avanza sin piedad sumido en la locura y el descontrol. Seguramente aquello sea por déficit de los encargados de controlarlo, aunque creo que entra dentro de lo normal en algo de esta envergadura.
Muchas cosas pasan cada día, y a la vez son pocas, o puede que sean pocas las que merecen la pena ser contadas, o puede que simplemente sea que no son las que quisiera contar. Pese a todo, y a la terrible semana (sobre todo el inicio), el fin de semana he desconectado bastante, aunque he vuelto a quedarme en la ciudad postponiendo mis viajes e ilusiones, siempre para el próximo fin de semana.
En todo este tiempo he cenado varias veces con el gran J.L. en el Lomit's, hombre inteligente y entretenido, que siempre parece estar agradecido de escuchar mi acento madrileño mientras degusta su pisco sour. Siempre aprendo algo de historia y siempre consigo sorprenderle con alguna noticia que llega de España, y siempre para mal.
También he encontrado un lugar donde ir el fin de semana a relajarme, un oasis en mitad de la ciudad, en el cerro de San Cristóbal, con vistas exquisitas, hierba donde sentarse, pájaros cantando, y hoy incluso un perro callejero que vino a dormir la siesta cerca de mí.
He tomado buenos cafés, y cafés lamentables. He tomado brunch al más puro estilo melburniano. He encontrado un sitio donde tomar una cerveza artesana y rica. Y he sido invitado a un gran y rico asado en una casa, donde dicen que son mejores.
He terminado The Leftovers, la serie que me acompañaba después de Perdidos, y ahora tendré que vivir sin Kevin Garvey.
En breve vuelvo a mi hotel, donde sí que me saludan en la entrada sin parecer que cuesta trabajo, y donde me siento más cuidado y más acompañado.
Nos volvemos a ver cuando el escritor venza al ingeniero.

Gracias por estas reflexiones, Gracias por compartir las con nosotros y hacernos partícipes. ....
ResponderEliminarQué gran escritor hemos perdido!! ;)
ResponderEliminarPiensa que es un mesecito más y estarás de vuelta, y seguro que incluso recordarás este tiempo con cariño...
Miss you, Bro!
Abrazaco
Pues a mí me encanta despertarme por la mañana y ver que en el teléfono hay varios mensajes de Chile, de Francia, de Australia o de España. Veo que alguien se acuerda de mí y quiero creer que me quieren un poco.
ResponderEliminarY es tan bonito lo que escribes...
Hago míos los comentarios anteriores. Es un placer leer siempre tu blog. El problema es que yo soy un poco arcaica y me cuesta eso de los blogs... Hoy lo he leído por el enlace, que agradezco mucho. Bss
ResponderEliminar